2011 se nos va, como muchas otras cosas en nuestra vida se desvanecen. A veces deseosos de que eso ocurra, otras veces aferrándonos a los recuerdos que se van con estas ultimas horas. Propósitos, deseos, sueños, lamentos, muchas cosas que se mezclan y se crean en esta época, para mi sinceramente no significa mas que cualquier otro día, porque esperamos todo el año para cambiar lo que no nos gusta, siento que eso nos limita como humanos, siento que no deberíamos esperar una fecha, sino al momento que deseamos hacerlo.
pero para seguir la costumbre tengo muchas cosas que cambiar este año, cosas que me dejaron insatisfecha y que pretendo cambiar. Cosas que que deseo este año mas que otros, tal vez por mi edad, por lo que estoy viviendo en mi vida, por la etapa, por mis propios ideales, pero tengo seguro lo que quiero que pase, como pase no me interesa, pero se que debo aplicarme para lograrlo, porque nada en esta vida es gratis.
gracias 2011 por enseñarme a enamorarme como nunca antes, para tener que re-inventarme desde 0, gracias por darme las personas que son perfectas para este momento de mi vida, gracias por hacerme entender que a veces las cosas pueden ser mejor de lo que aparentan,gracias por darme la facilidad de hacer amigos, y la dificultad de entender las cosas, así pude desarrollar mas a fondo mis pensamientos.
bienvenido 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
martes, 20 de diciembre de 2011
El Silencio
este es un escrito con el que espero concluir algo, a la vez que este año concluye.
Era inocente, era ingenua, estaba enamorada, la primera vez, tal vez la mejor o tal vez la peor no se, aun no estoy segura. Creía que podía con lo que se me pusiera enfrente, estaba llena de vida, era joven y feliz. Solía creer que lo que más podía lastimarme eran las palabras, era lo único que podía derrumbarme, pero estaba bastante equivocada. Esa noche cuando le dije "te amo" y él permaneció callado frente a mí con una mirada vacía, comprendí que ese silencio era el que me iba a dejar las cicatrices mas profundas, no las palabras sino la ausencia de ellas.
Tenia 19 años cuando mi mundo se derrumbo por primera vez, o por lo menos en ese momento sentí que el mundo se derrumbaba porque no podía decir si quiera pensar en lo que realidad pasaba. No es que mi mundo se derrumbaba era mas bien que jamás había sentido lo que significa tener un corazón roto, la peor sensación del mundo si me preguntan a mi.
Devastada, asustada, confundida, me encontraba llorando sin lágrimas, viviendo sin ganas, y lo peor de todo encerrada en pensamientos que me lastimaban más, a veces nos hacen mas daños los pensamientos que los sentimientos. Quería seguir adelante pero me aferraba a la herida, me limitaba en mi decisiones porque no quería volver a salir lastimada, hasta que me di cuenta que no reflejaba emociones, me daba miedo hacerle ver a los demás lo que sentía por ellos, porque asi no tendrían el poder de lastimarme, lastimarme como lo hizo él.
Intentando seguir adelante, abriéndome a pesar del miedo de un futuro incierto, caminando sin mirar atrás, recobrando las ganas, cambiando las lágrimas por una sonrisa, y liberando los pensamientos para que estos a la vez me liberen a mi, creo que esto es lo que se llama madurar. Pero a pesar de todos estos logros, a veces aun me da miedo quedarme a solas con el silencio, porque este me recuerda a él y las palabras que nunca pudo decir.
Era inocente, era ingenua, estaba enamorada, la primera vez, tal vez la mejor o tal vez la peor no se, aun no estoy segura. Creía que podía con lo que se me pusiera enfrente, estaba llena de vida, era joven y feliz. Solía creer que lo que más podía lastimarme eran las palabras, era lo único que podía derrumbarme, pero estaba bastante equivocada. Esa noche cuando le dije "te amo" y él permaneció callado frente a mí con una mirada vacía, comprendí que ese silencio era el que me iba a dejar las cicatrices mas profundas, no las palabras sino la ausencia de ellas.
Tenia 19 años cuando mi mundo se derrumbo por primera vez, o por lo menos en ese momento sentí que el mundo se derrumbaba porque no podía decir si quiera pensar en lo que realidad pasaba. No es que mi mundo se derrumbaba era mas bien que jamás había sentido lo que significa tener un corazón roto, la peor sensación del mundo si me preguntan a mi.
Devastada, asustada, confundida, me encontraba llorando sin lágrimas, viviendo sin ganas, y lo peor de todo encerrada en pensamientos que me lastimaban más, a veces nos hacen mas daños los pensamientos que los sentimientos. Quería seguir adelante pero me aferraba a la herida, me limitaba en mi decisiones porque no quería volver a salir lastimada, hasta que me di cuenta que no reflejaba emociones, me daba miedo hacerle ver a los demás lo que sentía por ellos, porque asi no tendrían el poder de lastimarme, lastimarme como lo hizo él.
Intentando seguir adelante, abriéndome a pesar del miedo de un futuro incierto, caminando sin mirar atrás, recobrando las ganas, cambiando las lágrimas por una sonrisa, y liberando los pensamientos para que estos a la vez me liberen a mi, creo que esto es lo que se llama madurar. Pero a pesar de todos estos logros, a veces aun me da miedo quedarme a solas con el silencio, porque este me recuerda a él y las palabras que nunca pudo decir.
sábado, 17 de diciembre de 2011
El Ultimo Beso
escrito que hice hace ya alrededor de 4 años, para alguien que jamas llego a leerlo, y creo que tampoco hubiera entendido de haberlo leído.
Sé que es tarde ya, para decir todo lo que por ti sentía, decir los motivos de mi ira y más aun la razón de mi partida. Pero si no fuera tarde como lo es ahora, yo aun no sabría que eras el que me detenía, que eras tú el que nunca pudiste ver, y no yo la que nunca pude ser lo que tú querías.
Hoy te confieso que muchas veces fuiste el motivo de mi llanto, tu ni me veías y yo sin ti sentía vacía mi vida. Trate de todo para destacar en tu mente, pero solo conseguía miradas indiferentes. Me decían que te olvidara que no valías la pena, pero yo no encontraba salida a esta tortura de verte y no tenerte, te convertiste en una necesidad, no verte era como dejar de respirar, eras una obsesión, y tus labios mi vicio más fuerte. Tu piel para mí era insaciable, deseaba con que me tuvieras en tus brazos por siempre, y sin embargo esos destellos entre realidad y fantasía en mi vida eran demasiado cortos.
Entonces cuando más necesitaba de la sensación de tu presencia, supe que era el momento de alejarme, de liberar mi corazón de tanto sufrimiento, y sabia que me dolería hasta el punto de la locura. Ya decidida me acerque y te robe el último beso, cosa que tu no sabias, al final me aleje lentamente volteando mi mirada ocasionalmente hacia ti, tu seguías parado con tus dedos rozando tus labios, preguntándote porque ese beso fue tan diferente, volteé a verte una vez más, y continúe caminando sin mirar atrás mientras lagrimas recorrían mi rostro. Me perdía entre la multitud de gente, con recuerdos de un corazón roto, de memoria llena de llanto y alegrías, y con una última mirada y una última caricia del amor de mi vida.
Sé que es tarde ya, para decir todo lo que por ti sentía, decir los motivos de mi ira y más aun la razón de mi partida. Pero si no fuera tarde como lo es ahora, yo aun no sabría que eras el que me detenía, que eras tú el que nunca pudiste ver, y no yo la que nunca pude ser lo que tú querías.
Hoy te confieso que muchas veces fuiste el motivo de mi llanto, tu ni me veías y yo sin ti sentía vacía mi vida. Trate de todo para destacar en tu mente, pero solo conseguía miradas indiferentes. Me decían que te olvidara que no valías la pena, pero yo no encontraba salida a esta tortura de verte y no tenerte, te convertiste en una necesidad, no verte era como dejar de respirar, eras una obsesión, y tus labios mi vicio más fuerte. Tu piel para mí era insaciable, deseaba con que me tuvieras en tus brazos por siempre, y sin embargo esos destellos entre realidad y fantasía en mi vida eran demasiado cortos.
Entonces cuando más necesitaba de la sensación de tu presencia, supe que era el momento de alejarme, de liberar mi corazón de tanto sufrimiento, y sabia que me dolería hasta el punto de la locura. Ya decidida me acerque y te robe el último beso, cosa que tu no sabias, al final me aleje lentamente volteando mi mirada ocasionalmente hacia ti, tu seguías parado con tus dedos rozando tus labios, preguntándote porque ese beso fue tan diferente, volteé a verte una vez más, y continúe caminando sin mirar atrás mientras lagrimas recorrían mi rostro. Me perdía entre la multitud de gente, con recuerdos de un corazón roto, de memoria llena de llanto y alegrías, y con una última mirada y una última caricia del amor de mi vida.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
Great Expectations
"I loved her against reason, against promise, against peace,
against hope, against happiness, against all
discouragemente that could be." Charles Dickens 1860
domingo, 11 de diciembre de 2011
Culpable
un escrito que empezó en canción y termino en algo totalmente distinto. Que escribí para tratar de olvidar a alguien y termino recordándomelo con cada palabra.
Deje de esperar las cosas que no me dabas, deje de intentar rescatar lo que no existía y ahora me siento culpable, pues creo que no te dije todo lo que sentía. En parte fue mi culpa, por no expresar mis sentimientos, sin embargo estaban tan a la vista, tan a flor de piel, ¿en verdad no te diste cuenta?. Te voy a confesar que muchas veces me dio miedo encontrar tus ojos vacíos al mirarme, tu pensabas que agachaba la mirada porque tu brillo era demasiado radiante para mirarle directamente, cuando la verdad es que tu indiferencia era tan fuerte que me limitaba o por lo menos eso me digo ahora.
tal vez debía de haber tenido mas confianza en lo que pasaba entre nosotros, tal vez debí de haberte abrazado en vez de salir corriendo cada vez que las cosas se complicaban, tal vez debí de haber intentado hablar contigo en vez de llorar al sentirme sola. Pero en fin ya es muy tarde, y se nos agoto el tiempo, a mi se me agoto para ser un poco valiente y decir lo que me hacías sentir, y a ti para tomar la decisión de tenerme o dejarme ir.
ahora me entra la duda de como serán las cosas en un futuro. ¿Seremos amigos, y hablaremos constantemente? es posible pero muy poco probable. Dudo que nuestros labios que conocen el camino hacia la boca del otro puedan hablar como solo amigos y fingir que todo aquello que vivimos no existió.
y aunque duela acepto que me quedan las ganas de ver tu sonrisa brillar por mi una vez mas. de escuchar a tus labios decirme "te amo", y desearía que el recuerdo de tu piel no me quemara como lo hace.
"Mujeres de Ojos Grandes"
A continuación pondré un pequeño cuento de la increíble escritora Ángeles Mastretta. Este cuento llego a mis ojos gracias a una amiga, y lo leo alrededor de cada 6 meses, cada vez que lo hago aprendo algo nuevo y me hace ver la vida con una nueva perspectiva, lo pondré aquí y dejare que ustedes vean si aprenden tanto como lo he hecho yo.
La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota. Lo Había visto llegar una mañana, caminando con los hombros erguidos sobre un paso sereno y había pensado: "Este hombre se cree Dios". Pero al rato de oírlo decir historias sobre mundos desconocidos y pasiones extrañas, se enamoró de él y de sus brazos como si desde niña no hablara latín, no supiera lógica, ni hubiera sorprendido a media ciudad copiando los juegos de Góngora y Sor Juana como quien responde a una canción en el recreo.
Era tan sabia que ningún hombre quería meterse con ella, por más que tuviera los ojos de miel y una boca brillante, por más que su cuerpo acariciara la imaginación despertando las ganas de mirarlo desnudo, por más que fuera hermosa como la virgen del Rosario. Daba temor quererla porque algo había en su inteligencia que sugería siempre un desprecio por el sexo opuesto y sus confusiones.
Pero aquel hombre que no sabía nada de ella y sus libros, se le acercó como a cualquiera. Entonces la tía Daniela lo dotó de una inteligencia deslumbrante, una virtud de ángel y un talento de artista. Su cabeza lo miró de tantos modos que en doce días creyó conocer a cien hombres.
Lo quiso convencida de que Dios puede andar entre mortales, entregada hasta las uñas a los deseos y las ocurrencias de un tipo que nunca llegó para quedarse y jamás entendió uno solo de todos los poemas que Daniela quiso leerle para explicar su amor.
Un día, así como había llegado, se fue sin despedir siquiera. Y no hubo entonces en la redonda inteligencia de la tía Daniela un solo atisbo de entender qué había pasado.
Hipnotizada por un dolor sin nombre ni destino se volvió la más tonta de las tontas. Perderlo fue una larga pena como el insomnio, una vejez de siglos, el infierno.
Por unos días de luz, por un indicio, por los ojos de hierro y súplica que le prestó una noche, la tía Daniela enterró las ganas de estar viva y fue perdiendo el brillo de la piel, la fuerza de las piernas, la intensidad de la frente y las entrañas.
Se quedó casi ciega en tres meses, una joroba le creció en la espalda, y algo le sucedió a su termostato que a pesar de andar hasta en el rayo del sol con abrigo y calcetines, tiritaba de frío como si viviera en el centro mismo del invierno. La sacaban al aire como a un canario. Cerca le ponían fruta y galletas para que picoteara, pero su madre se llevaba las cosas intactas mientras ella seguía muda a pesar de los esfuerzos que todo el mundo hacía por distraerla.
Al principio la invitaban a la calle para ver si mirando las palomas o viendo ir y venir a la gente, algo de ella volvía a dar muestras de apego a la vida. Trataron todo. Su madre se la llevó de viaje a España y la hizo entrar y salir de todos los tablados sevillanos sin obtener de ella más que una lágrima la noche que el cantador estuvo alegre. A la mañana siguiente le puso un telegrama a su marido diciendo: "Empieza a mejorar, ha llorado un segundo". Se había vuelto un árbol seco, iba para donde la llevaran y en cuanto podía se dejaba caer en la cama como si hubiera trabajado veinticuatro horas recogiendo algodón. Por fin las fuerzas no le alcanzaron más que para echarse en una silla y decirle a su madre: "Te lo ruego, vámonos a casa".
Cuando volvieron, la tía Daniela apenas podía caminar y desde entonces no quiso levantarse. Tampoco quería bañarse, ni peinarse, ni hacer pipí. Una mañana no pudo siquiera abrir los ojos.
-¡Está muerta! - oyó decir a su alrededor y no encontró las fuerzas para negarlo.
Alguien le sugirió a su madre que ese comportamiento era un chantaje, un modo de vengarse en los otros, una pose de niña consentida que si de repente perdiera la tranquilidad de la casa y la comida segura, se las arreglaría para mejorar de un día para el otro. Su madre hizo el esfuerzo de abandonarla en el quicio de la puerta de la Catedral.
La dejaron ahí una noche con la esperanza de verla regresar al día siguiente, hambrienta y furiosa, como había sido alguna vez. A la tercera noche la recogieron de la puerta de la Catedral con pulmonía y la llevaron al hospital entre lágrimas de toda la familia.
Ahí fue a visitarla su amiga Elidé, una joven de piel brillante que hablaba sin tregua y que decía saber las curas del mal de amores. Pidió que la dejaran hacerse cargo del alma y del estómago de aquella náufraga. Era una creatura alegre y ávida. La oyeron opinar. Según ella el error en el tratamiento de su inteligente amiga estaba en los consejos de que olvidara. Olvidar era un asunto imposible. Lo que había que hacer era encauzarle los recuerdos, para que no la mataran, para que la obligaran a seguir viva.
Los padres oyeron hablar a la muchacha con la misma indiferencia que ya les provocaba cualquier intento de curar a su hija. Daban por hecho que no serviría de nada y sin embargo lo autorizaban como si no hubieran perdido la esperanza que ya habían perdido.
Las pusieron a dormir en el mismo cuarto. Siempre que alguien pasaba frente a la puerta oía a la incansable voz de Elidé hablando del asunto con la misma obstinación con que un médico vigila a un moribundo. No se callaba. No le daba tregua. Un día y otro, una semana y otra.
-¿Cómo dices que eran sus manos? - preguntaba. Si la tía Daniela no le contestaba, Elidé volvía por otro lado.
-¿Tenía los ojos verdes? ¿Cafés? ¿Grandes?
-Chicos - le contestó la tía Daniela hablando por primera vez en treinta días.
-¿Chicos y turbios?- preguntó la tía Elidé.
- Chicos y fieros - contestó la tía Daniela y volvió a callarse otro mes.
- Seguro que era Leo. Así son los de Leo - decía su amiga sacando un libro de horóscopos para leerle. Decía todos los horrores que pueden caber en un Leo. - De remate, son mentirosos. Pero no tienes que dejarte, tú eres de Tauro. Son fuertes las mujeres de Tauro.
- Mentiras sí que dijo - le contestó Daniela una tarde.
-¿Cuáles? No se te vayan a olvidar. Porque el mundo no es tan grande como para que no demos con él, y entonces le vas a recordar sus palabras. Una por una, las que oíste y las que te hizo decir.
-No quiero humillarme.
-El humillado va a ser él. Si no todo es tan fácil como sembrar palabras y largarse.
-Me iluminaron -defendió la tía Daniela.
- Se te nota iluminada - decía su amiga cuando llegaban a puntos así.
Al tercer mes de hablar y hablar la hizo comer como Dios manda. Ni siquiera se dio cuenta cómo fue. La llevó a una caminata por el jardín. Cargaba una cesta con fruta, queso, pan, mantequilla y té. Extendió un mantel sobre el pasto, sacó las cosas y siguió hablando mientras empezaba a comer sin ofrecerle.
- Le gustaban las uvas - dijo la enferma.
- Entiendo que lo extrañes.
Sí - dijo la enferma acercándose un racimo de uvas -. Besaba regio. Y tenía suave la piel de los hombros y la cintura.
-¿Cómo tenía? Ya sabes - dijo la amiga como si supiera siempre lo que la torturaba.
- No te lo voy a decir - contestó riéndose por primera vez en meses. Luego comió queso y té, pan y mantequilla.
- ¿Rico? - le preguntó Elidé.
- Sí - le contestó la enferma empezando a ser ella.
Una noche bajaron a cenar. La tía Daniela con un vestido nuevo y el pelo brillante y limpio, libre por fin de la trenza polvorosa que no se había peinado en mucho tiempo.
Veinte días después ella y su amiga habían repasado los recuerdos de arriba para abajo hasta convertirlos en trivia. Todo lo que había tratado de olvidar la tía Daniela forzándose a no pensarlo, se le volvió indigno de recuerdo después de repetirlo muchas veces. Castigó su buen juicio oyéndose contar una tras otra las ciento veinte mil tonterías que la había hecho feliz y desgraciada.
- Ya no quiero ni vengarme - le dijo una mañana a Elidé -. Estoy aburridísima del tema.
- ¿Cómo? No te pongas inteligente - dijo Elidé-. Éste ha sido todo el tiempo un asunto de razón menguada. ¿Lo vas convertir en algo lúcido? No lo eches a perder. Nos falta lo mejor. Nos falta buscar al hombre en Europa y África, en Sudamérica y la India, nos falta
encontrarlo y hacer un escándalo que justifique nuestros viajes. Nos falta conocer la galería Pitti, ver Florencia, enamorarnos en Venecia, echar una moneda en la fuente de Trevi. ¿Nos vamos a perseguir a ese hombre que te enamoró como a una imbécil y luego se fue?
Habían planeado viajar por el mundo en busca del culpable y eso de que la venganza ya no fuera trascendente en la cura de su amiga tenía devastada a Elidé. Iban a perderse la India y Marruecos, Bolivia y el Congo, Viena y sobre todo Italia. Nunca pensó que podría convertirla en un ser racional después de haberla visto paralizada y casi loca hacía cuatro meses.
- Tenemos que ir a buscarlo. No te vuelvas inteligente antes de tiempo - le decía.
- Llegó ayer - le contestó la tía Daniela un mediodía.
- ¿Cómo sabes?
- Lo vi. Tocó en el balcón como antes.
- ¿Y qué sentiste?
- Nada.
-¿Y qué te dijo?
- Todo.
- ¿Y qué le contestaste?
- Cerré.
-¿Y ahora? - preguntó la terapista.
- Ahora sí nos vamos a Italia: los ausentes siempre se
equivocan.
Y se fueron a Italia por la voz del Dante: "Piovverà dentro a l'alta
fantasía."
La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota. Lo Había visto llegar una mañana, caminando con los hombros erguidos sobre un paso sereno y había pensado: "Este hombre se cree Dios". Pero al rato de oírlo decir historias sobre mundos desconocidos y pasiones extrañas, se enamoró de él y de sus brazos como si desde niña no hablara latín, no supiera lógica, ni hubiera sorprendido a media ciudad copiando los juegos de Góngora y Sor Juana como quien responde a una canción en el recreo.
Era tan sabia que ningún hombre quería meterse con ella, por más que tuviera los ojos de miel y una boca brillante, por más que su cuerpo acariciara la imaginación despertando las ganas de mirarlo desnudo, por más que fuera hermosa como la virgen del Rosario. Daba temor quererla porque algo había en su inteligencia que sugería siempre un desprecio por el sexo opuesto y sus confusiones.
Pero aquel hombre que no sabía nada de ella y sus libros, se le acercó como a cualquiera. Entonces la tía Daniela lo dotó de una inteligencia deslumbrante, una virtud de ángel y un talento de artista. Su cabeza lo miró de tantos modos que en doce días creyó conocer a cien hombres.
Lo quiso convencida de que Dios puede andar entre mortales, entregada hasta las uñas a los deseos y las ocurrencias de un tipo que nunca llegó para quedarse y jamás entendió uno solo de todos los poemas que Daniela quiso leerle para explicar su amor.
Un día, así como había llegado, se fue sin despedir siquiera. Y no hubo entonces en la redonda inteligencia de la tía Daniela un solo atisbo de entender qué había pasado.
Hipnotizada por un dolor sin nombre ni destino se volvió la más tonta de las tontas. Perderlo fue una larga pena como el insomnio, una vejez de siglos, el infierno.
Por unos días de luz, por un indicio, por los ojos de hierro y súplica que le prestó una noche, la tía Daniela enterró las ganas de estar viva y fue perdiendo el brillo de la piel, la fuerza de las piernas, la intensidad de la frente y las entrañas.
Se quedó casi ciega en tres meses, una joroba le creció en la espalda, y algo le sucedió a su termostato que a pesar de andar hasta en el rayo del sol con abrigo y calcetines, tiritaba de frío como si viviera en el centro mismo del invierno. La sacaban al aire como a un canario. Cerca le ponían fruta y galletas para que picoteara, pero su madre se llevaba las cosas intactas mientras ella seguía muda a pesar de los esfuerzos que todo el mundo hacía por distraerla.
Al principio la invitaban a la calle para ver si mirando las palomas o viendo ir y venir a la gente, algo de ella volvía a dar muestras de apego a la vida. Trataron todo. Su madre se la llevó de viaje a España y la hizo entrar y salir de todos los tablados sevillanos sin obtener de ella más que una lágrima la noche que el cantador estuvo alegre. A la mañana siguiente le puso un telegrama a su marido diciendo: "Empieza a mejorar, ha llorado un segundo". Se había vuelto un árbol seco, iba para donde la llevaran y en cuanto podía se dejaba caer en la cama como si hubiera trabajado veinticuatro horas recogiendo algodón. Por fin las fuerzas no le alcanzaron más que para echarse en una silla y decirle a su madre: "Te lo ruego, vámonos a casa".
Cuando volvieron, la tía Daniela apenas podía caminar y desde entonces no quiso levantarse. Tampoco quería bañarse, ni peinarse, ni hacer pipí. Una mañana no pudo siquiera abrir los ojos.
-¡Está muerta! - oyó decir a su alrededor y no encontró las fuerzas para negarlo.
Alguien le sugirió a su madre que ese comportamiento era un chantaje, un modo de vengarse en los otros, una pose de niña consentida que si de repente perdiera la tranquilidad de la casa y la comida segura, se las arreglaría para mejorar de un día para el otro. Su madre hizo el esfuerzo de abandonarla en el quicio de la puerta de la Catedral.
La dejaron ahí una noche con la esperanza de verla regresar al día siguiente, hambrienta y furiosa, como había sido alguna vez. A la tercera noche la recogieron de la puerta de la Catedral con pulmonía y la llevaron al hospital entre lágrimas de toda la familia.
Ahí fue a visitarla su amiga Elidé, una joven de piel brillante que hablaba sin tregua y que decía saber las curas del mal de amores. Pidió que la dejaran hacerse cargo del alma y del estómago de aquella náufraga. Era una creatura alegre y ávida. La oyeron opinar. Según ella el error en el tratamiento de su inteligente amiga estaba en los consejos de que olvidara. Olvidar era un asunto imposible. Lo que había que hacer era encauzarle los recuerdos, para que no la mataran, para que la obligaran a seguir viva.
Los padres oyeron hablar a la muchacha con la misma indiferencia que ya les provocaba cualquier intento de curar a su hija. Daban por hecho que no serviría de nada y sin embargo lo autorizaban como si no hubieran perdido la esperanza que ya habían perdido.
Las pusieron a dormir en el mismo cuarto. Siempre que alguien pasaba frente a la puerta oía a la incansable voz de Elidé hablando del asunto con la misma obstinación con que un médico vigila a un moribundo. No se callaba. No le daba tregua. Un día y otro, una semana y otra.
-¿Cómo dices que eran sus manos? - preguntaba. Si la tía Daniela no le contestaba, Elidé volvía por otro lado.
-¿Tenía los ojos verdes? ¿Cafés? ¿Grandes?
-Chicos - le contestó la tía Daniela hablando por primera vez en treinta días.
-¿Chicos y turbios?- preguntó la tía Elidé.
- Chicos y fieros - contestó la tía Daniela y volvió a callarse otro mes.
- Seguro que era Leo. Así son los de Leo - decía su amiga sacando un libro de horóscopos para leerle. Decía todos los horrores que pueden caber en un Leo. - De remate, son mentirosos. Pero no tienes que dejarte, tú eres de Tauro. Son fuertes las mujeres de Tauro.
- Mentiras sí que dijo - le contestó Daniela una tarde.
-¿Cuáles? No se te vayan a olvidar. Porque el mundo no es tan grande como para que no demos con él, y entonces le vas a recordar sus palabras. Una por una, las que oíste y las que te hizo decir.
-No quiero humillarme.
-El humillado va a ser él. Si no todo es tan fácil como sembrar palabras y largarse.
-Me iluminaron -defendió la tía Daniela.
- Se te nota iluminada - decía su amiga cuando llegaban a puntos así.
Al tercer mes de hablar y hablar la hizo comer como Dios manda. Ni siquiera se dio cuenta cómo fue. La llevó a una caminata por el jardín. Cargaba una cesta con fruta, queso, pan, mantequilla y té. Extendió un mantel sobre el pasto, sacó las cosas y siguió hablando mientras empezaba a comer sin ofrecerle.
- Le gustaban las uvas - dijo la enferma.
- Entiendo que lo extrañes.
Sí - dijo la enferma acercándose un racimo de uvas -. Besaba regio. Y tenía suave la piel de los hombros y la cintura.
-¿Cómo tenía? Ya sabes - dijo la amiga como si supiera siempre lo que la torturaba.
- No te lo voy a decir - contestó riéndose por primera vez en meses. Luego comió queso y té, pan y mantequilla.
- ¿Rico? - le preguntó Elidé.
- Sí - le contestó la enferma empezando a ser ella.
Una noche bajaron a cenar. La tía Daniela con un vestido nuevo y el pelo brillante y limpio, libre por fin de la trenza polvorosa que no se había peinado en mucho tiempo.
Veinte días después ella y su amiga habían repasado los recuerdos de arriba para abajo hasta convertirlos en trivia. Todo lo que había tratado de olvidar la tía Daniela forzándose a no pensarlo, se le volvió indigno de recuerdo después de repetirlo muchas veces. Castigó su buen juicio oyéndose contar una tras otra las ciento veinte mil tonterías que la había hecho feliz y desgraciada.
- Ya no quiero ni vengarme - le dijo una mañana a Elidé -. Estoy aburridísima del tema.
- ¿Cómo? No te pongas inteligente - dijo Elidé-. Éste ha sido todo el tiempo un asunto de razón menguada. ¿Lo vas convertir en algo lúcido? No lo eches a perder. Nos falta lo mejor. Nos falta buscar al hombre en Europa y África, en Sudamérica y la India, nos falta
encontrarlo y hacer un escándalo que justifique nuestros viajes. Nos falta conocer la galería Pitti, ver Florencia, enamorarnos en Venecia, echar una moneda en la fuente de Trevi. ¿Nos vamos a perseguir a ese hombre que te enamoró como a una imbécil y luego se fue?
Habían planeado viajar por el mundo en busca del culpable y eso de que la venganza ya no fuera trascendente en la cura de su amiga tenía devastada a Elidé. Iban a perderse la India y Marruecos, Bolivia y el Congo, Viena y sobre todo Italia. Nunca pensó que podría convertirla en un ser racional después de haberla visto paralizada y casi loca hacía cuatro meses.
- Tenemos que ir a buscarlo. No te vuelvas inteligente antes de tiempo - le decía.
- Llegó ayer - le contestó la tía Daniela un mediodía.
- ¿Cómo sabes?
- Lo vi. Tocó en el balcón como antes.
- ¿Y qué sentiste?
- Nada.
-¿Y qué te dijo?
- Todo.
- ¿Y qué le contestaste?
- Cerré.
-¿Y ahora? - preguntó la terapista.
- Ahora sí nos vamos a Italia: los ausentes siempre se
equivocan.
Y se fueron a Italia por la voz del Dante: "Piovverà dentro a l'alta
fantasía."
sábado, 10 de diciembre de 2011
¿Qué es el amor?
Ultimamente me pregunto muchas veces el significado del amor, lo he hecho desde hace mucho tiempo pero jamas encuentro una respuesta que me satisface, no encuentro nada ya dicho que pueda decir piensa igual que yo. Entonces decidi intentar hacer mi propia definicion y termino con lo que sigue a continuacion, talvez con lo que yo pienso alguien pueda sentirse entendido.

¿Qué es el amor? No se puede definir, por lo menos yo no he encontrado una definición que me convenza, entre más crezco y más conozco el mundo menos entiendo lo que es esa palabra, o la profundidad que lleva consigo, el día de hoy creo que el amor son mis ideas, las ideas de todo mundo en realidad, es algo que la sociedad nos impone, que al ponerle nombre pierde toda noción. Lo he pensado detenidamente, es una de las mayores dudas que me pregunto, porque se me complica demasiado entender como cada persona tiene experiencias diferentes incluso opuestas y todas son de amor, todo se relaciona con esto, pero ¿Por qué? ¿Qué lo hace tan especial que la mayoría de las canciones, historias, poemas, pensamientos, se refieran a algún aspecto de esto? Yo tengo que aceptarlo que soy una de esas personas, una romántica incurable, pero creo que lo soy porque así trato de entender este sentimiento, y tal vez porque así puedo justificar mis acciones, acciones que hago por “amor”.

¿Qué es el amor? No se puede definir, por lo menos yo no he encontrado una definición que me convenza, entre más crezco y más conozco el mundo menos entiendo lo que es esa palabra, o la profundidad que lleva consigo, el día de hoy creo que el amor son mis ideas, las ideas de todo mundo en realidad, es algo que la sociedad nos impone, que al ponerle nombre pierde toda noción. Lo he pensado detenidamente, es una de las mayores dudas que me pregunto, porque se me complica demasiado entender como cada persona tiene experiencias diferentes incluso opuestas y todas son de amor, todo se relaciona con esto, pero ¿Por qué? ¿Qué lo hace tan especial que la mayoría de las canciones, historias, poemas, pensamientos, se refieran a algún aspecto de esto? Yo tengo que aceptarlo que soy una de esas personas, una romántica incurable, pero creo que lo soy porque así trato de entender este sentimiento, y tal vez porque así puedo justificar mis acciones, acciones que hago por “amor”.
El amor es para todos, o por lo menos eso se cree, yo creo que todos tenemos la capacidad de “amar” lo que sea que signifique eso, pero no todos la desarrollamos y realmente no existen amores que son más fuertes que otro, pero para mí tal vez porque no he sido madre por el momento el más importante es el amor romántico, el amor de pareja, pero también es el más complejo de todos. Las personas quieren a sus hijos y pues deben de hacerlo al fin y al cabo son sus hijos, pero ¿porque románticamente hablando estamos enamorados de personas que no nos corresponden? Incluso teniendo todas las razones para no hacerlo seguimos aferrados a ello tal vez porque nuestro inconsciente sabe algo que nosotros ignoramos por eso creo que, amar es opcional, pero enamorarse es inevitable.
Mis ideas van cambiando conforme a lo que voy viviendo al igual que el amor, pero tengo que aceptar que es impresionante la determinación de nuestro corazón de enamorarnos, porque entre más fracasos amorosos uno pensaría que de lo último que quiero saber es del amor, peor en primera ¿Qué es fracaso amoroso? Solo porque un amor no es eterno no lo puedes considerar fracaso, de todos aprendemos algo, y nos dan herramientas para poder lograr algo que con ese era necesario y no las teníamos, pero entonces creo que de cada persona de las que nos enamoramos aprendemos algo. Por lo tanto tenemos que aceptar y seguir con la corriente, en que toda la vida estaremos rodeada de amor, queramos o no y conoceremos personas que os cambiaran nuestra vida de esa manera y a personas que les cambiaremos la vida sin querer, a veces hasta sin darnos cuenta, somos tan ciegos los seres humanos que amamos a aquellos que no nos quieren he ignoramos a aquellos que nos aman, simple y sencillamente para seguir con la costumbre de dificultar la vida. Definitivamente para mi Amar es un gusto adquirido.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Todo PRINCIPIO es el FINAL de algo mas.
¿primer blog? por supuesto que no, pero siempre olvido la razón por la cual decido hacerlos entonces simplemente los dejo. Con este es diferente, porque la razón de escribir es el amor, y a pesar de que a veces es tormentoso, no puedo evitar que el amor sea parte de mi vida, creo que nadie puede hacerlo.
Todo principio es el final de algo mas, el principio de diciembre nos hace pensar que el final del 2011 se esta acercando, el principio de este blog es el final de mi silencio. el principio de un libro es el final de una idea, el principio de un te amo es el final de un te quiero mucho, el principio de mi libertad es el final de aquella idea de aferrarme a su recuerdo.
bueno creo que divague un poco, tiendo a hacer eso. En fin esto no es mas que una bienvenida un agradecimiento y una buena compañia.
pensar, amar, soñar y escuchar.
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