miércoles, 21 de noviembre de 2012

Entre la vida y la muerte.

Muchos días de la vida pasan desapercibidos, quizá en 5, 10, 20 años no los recordaremos, no implica que no los disfrutáramos o no los sufriéramos sino que simplemente no nos marco. En cambio los días que siempre tendremos presente, son por el impacto en nuestra vida, por como nos marcan y lo que nos provocan.

Muchos de esos día impactantes están manchados de muerte, no hay nada que nos haga reflexionar tanto sobre la vida como la muerte. Cuando se presenta nos obliga a pensar, en que hacemos con nuestra vida. nos llena de hubieras, muchas veces de miedos, nos creamos un sin fin de escenarios, nos imaginamos la posibilidad de un futuro que ya no existirá.

No he dejado de pensar en ello desde la mañana de ayer, me pone a reflexionar en todas aquellas cosas de la vida que dejamos pasar, porque la verdad a los 20 años nos sentimos eternos he indestructibles, cuando en la vida la verdad lo que menos tenemos es tiempo y seguridad. Cuando alguien de esta edad muere es una noticia impactante, es imposible de imaginar como una vida que apenas comenzaba termino, de repente, te llega la noticia de golpe, y te quedas sin aire.

Cuando muere alguien no podemos evitar proyectarnos, cuando un joven muere los adultos se ponen a pensar en que seria si sus hijos murieran, cuando la pareja de alguien muere te imaginas a tu pareja, o el padre de alguien piensas en los tuyos. Cuando se es joven y nos enteramos de la muerte de alguien de nuestra edad nos imaginamos a nosotros, es un poner los pies en la tierra, y darnos cuenta que la vida es mas corta de lo que pensamos, sin embargo los recuerdos son eternos. Es darnos cuenta que vivamos de la manera que queremos ser recordados, porque al partir, seguimos vivos en la memoria de los demás como ellos nos percibían. 

La primera reacción es analizar todo lo que no hemos hecho por miedo, por lo que piensen los demás, porque no nos regañen, porque no sabemos si es lo correcto. Nos creemos eternos cuando somos momentáneos. 

Es pensar que tenemos muchos años para confesar a esa persona nuestro amor porque no es el momento correcto. Es esperarnos para tatuarnos aquello que deseamos porque nuestra familia no apoya esa noción. Es no irnos de viaje porque no nos sentimos preparados. No ceder a nuestros impulsos y quedarnos con las ganas. Es no dejarnos llevar por la vida porque creemos tenemos el tiempo del mundo.

La vida es aquí y ahora, y nada nos asegura que tengamos tiempo después para lograr todo lo que queramos  Gracias a todos esos ángeles que nos hacen reflexionar sobre nuestra vida.

A los adultos que nos hacen pensar el como queremos dejar a nuestra familia y amigos cuando tengamos que partir.
A las parejas para enseñarnos a dar todo de nosotros a quien amamos pues no sabemos cuanto nos duren.
A los niños para apreciar cada día de la vida y que nos demos la oportunidad de jugar. 
Hoy en especial gracias a los ángeles jóvenes, que nos empujan a vivir como queramos  porque nos muestran que no somos indestructibles, y que nada duele mas que saberlo.

Entre la vida y la muerte se encuentran nuestros sueños.

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