martes, 13 de noviembre de 2012

Y entonces fue mío


Él se encuentra ahí, como si el tiempo no pasara, desde que tengo memoria, se recarga en la misma pared día con día. Algunos meses atrás solía quedarme a escondidas para admirarlo, lo veía como algo inalcanzable, era la perfección hecha hombre; sus grandes ojos verdes, su cabello alborotado, su sonrisa que parecía iluminar hasta el lugar más oscuro, no le encontraba defecto alguno. Una venda me cubría los ojos, lo puse en un pedestal sin tenerlo, solo quería pertenecerle, amarlo, darle todo de mí, soñaba cada noche con ser de él, creía que él tenía mi felicidad en sus manos.

Y entonces fue mío, un día sin avisar se acercó a mí, sus ojos verdes se veían aún más inalcanzables como en mis sueños, me basto un minuto para memorizar cada curva de su boca, me quede sin aliento, no se cuánto tiempo estuvimos mirándonos a los ojos, pero todo lo que nos rodeaba desapareció, por lo menos para mí. Se presentó ante mi como si fuera una persona nueva, aunque ya sabía todo de él desde hace tiempo atrás. Él no tenía la menor idea de que había estado en mis pensamientos por varios meses ya. Una cosa llevo a la otra, y en menos de lo que pensaba, sus labios fuertes rozaban mi cuello con un salvajismo que me hacía vibrar, como nunca antes. Sentir su piel sobre la mía, tocar cada poro, cada cabello, pase horas recorriendo cada centímetro de su cuerpo, no quería perder nada de él. El momento que más marco mi vida fue descansar en sus brazos, escuchar su voz y los latidos de su corazón, mientras el aroma de su piel invadía cada uno de mis sentidos. Aun después de todo lo que paso, sé que dentro de muchos años diré, por ese pequeño momento sé que valió la pena vivir, ese momento fue el centro y significado de toda mi existencia, aun sin saberlo yo nací para él, y el existió para ser mío.

Pero como todo en la vida, la felicidad duro muy poco, se fue con cada pedazo de mi corazón, dijo que no era el momento, que no podría explicarlo, pero que fue bueno mientras duro, creo que cada lagrima en mis ojos fue derramada ese día por él, me sentía vacía, no sabía quién era yo, la sonrisa que antes era mi luz de cada día, ahora era tan solo un recuerdo, del cielo al infierno en un momento, fue tanto el dolor que provoco que incluso no lo sentía, no podía existir sin el como centro de todo pensamiento.

Por mucho tiempo temblaba al verlo, salía huyendo, sentir su presencia cerca de mi desequilibraba todos mis sentidos. Seguía en mis pensamientos pero ya no como dueño de mis pensamientos, se apodero de mi hasta que me di cuenta que la vida sigue y él siempre será parte importante de la mía.
El sigue recargado en esa pared, la misma donde fue mi sueño, mi cielo y últimamente mi infierno, yo paso a su lado, intercambiamos palabras, ya no es tanto el dolor, aprendí a verlo como un amigo por el momento. Y aun después de todo sé que el nació para ser mío, cada fibra de mi cuerpo lo sabe, con solo pensar en él. Mientras el entiende lo que yo desde el primer momento sentí, yo simplemente me aferro al pensamiento del aroma de su cuerpo. Y más que nada, al recuerdo de lo que me hace sentir al verlo.

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